Se busca amigo

No hablamos de los ‘amigos de facebook’, sino de los de verdad. Todos tenemos la percepción de que, una vez acabados los estudios, y a medida que cumplimos años cuesta hacer nuevas amistades. Distintos estudios e investigaciones revelan por qué y cómo podemos revertirlo.

Se busca amigo

Investigadores de la Universidad de Oxford y de Aalto, en Finlandia, han analizado los datos de tres millones de usuarios de teléfono móvil de países europeos. El objetivo era identificar patrones de comportamiento tanto en llamadas como en las interacciones en las redes sociales. Gracias a esta estrategia han podido descubrir que los jóvenes no cesan de hacer amistades hasta los 30, pero más tarde empiezan a perderlas. Incluso han llegado a la conclusión de que los 25 años es la edad en la que se alcanza el número máximo de conexiones sociales.

 “Las amistades no surgen de la nada espontáneamente, sino que necesitan de tiempo y dedicación”, explica la psicóloga Mercedes Revuelta. “Cuando somos pequeños tenemos muchos amigos. Nuestra vida está repleta de entornos sociales en los que interactuamos con otros niños, en el colegio, en el parque… A medida que crecemos estos espacios se reducen y nuestra capacidad socializadora a menudo se ve afectada también. Hacemos amigos con menos facilidad, parece que somos más exigentes y tenemos menos tiempo porque dedicamos muchas horas a trabajar”, añade.

“Hacerse mayor quiere decir ir especializándose”, explica el sociólogo Francesc Núñez. “Te vas haciendo más singular, hay menos gente que te guste, que te encaje. Eres una persona más definida y por ello tus criterios de selección están más determinados. Se estrecha tu posibilidad de elección, eso es hacerse mayor”, agrega.

“Cuando eres joven hay muchas vidas posibles. El tipo de personas que te pueden gustar es enormemente grande. De adulto, sin embargo, la amistad debe ser entre iguales, debes compartir valores, perspectivas del mundo”, reflexiona este sociólogo.

Alguno de los datos curiosos que arroja este estudio es que las mujeres acostumbran a perder más rápidamente sus amistades que los hombres. Pero, si se hace un cómputo global años más tarde (cuando la persona alcanza los 40), se puede observar la circunstancia de que ellos acaban con un total de amigos inferior al de ellas.

Los responsables de la investigación creen que esto sucede porque las mujeres invierten más esfuerzos en buscar y mantener las amistades que responden más al ideal de mejor amiga o amigo, y tras haberlas encontrado, dedican más tiempo en alimentar estas relaciones al mismo tiempo que descuidan las que consideran menos valiosas para ellas.

90 días para hacer un amigo

Otro estudio reciente ha examinado la amistad en función del tiempo, actividades y conversaciones que comparten, y sus resultados sugieren que se necesita por lo menos 50 horas para catalogar a una persona como un “amigo casual”, 90 horas para llamarlo “amigo” y más de 200 horas para considerarlo como “mejor amigo”. Es decir, tardamos poco más de 8 días completos en forjar una relación de amistad sólida.

El profesor Jeffrey Hall, autor de este estudio publicado en el Journal of Social and Personal Relationships, ideó un test para encontrar la respuesta a cuántas horas tardamos en hacer amigos. En él, se preguntaba a personas que hacía seis meses que se habían mudado a otra ciudad y que estaban buscando nuevas amistades.

A través de preguntas como el tipo de actividad realizada, el tiempo invertido o la cercanía de la amistad, estableció una escala de diferentes grados de amistad, así como el tiempo que tardaban los sujetos en pasar de un nivel a otro.

Hall asegura que no se contemplan las horas que hayan pasado trabajando juntos, que el tiempo debe ser invertido en actividades de ocio. Así, el estudio estableció que para ser un amigo casual hacen falta entre 40 y 60 horas, y entre 80 y 100 para considerarse simplemente amigo. Esos sí, una relación de amistad cercana requiere una dedicación de más de 200 horas.

“Si lo necesitan, las personas hoy en día tienen recursos para poder hacer nuevas amistades”, subraya Adrián Montesano, profesor de psicología de la UOC.

Para este psicólogo, lo importante es “levantarse del sofá”: “Hay que buscar grupos, comunidades con las que se compartan aficiones, utilizar las aplicaciones que existen actualmente… Ahora con Internet todo es más fácil”.

Montesano recuerda, sin embargo, que, a pesar de ser verdad que gracias a esas interacciones será posible “hacer conocidos”, lo de hacer amigos es algo más complejo: “De 30 o 40 personas que conozcas, si tienes suerte saldrá un amigo con el que puedas contar”, señala.

De la misma opinión es el profesor Hall: “No se puede chasquear los dedos y tener un amigo. Se trata de un proceso que requiere tiempo y esfuerzo, pero que nos ayudará a tener vidas más satisfactorias. Mantener relaciones estrechas es el trabajo más importante que hacemos en nuestras vidas, la mayoría de las personas en sus lechos de muerte están de acuerdo”, concluye el autor.

“Los amigos no se encuentran, se construyen”, defiende Núñez. Según este sociólogo, “la amistad es un acuerdo entre iguales, un esfuerzo, hay una voluntad detrás”. Núñez entiende que “cuando tienes una amistad, el tiempo no hace más que mejorarla, como los vinos. Las viejas amistades son muchos mejores que las nuevas, porque están más trabadas, los vínculos son mayores”, sostiene.

Existen muchos otros factores que se involucran en el vínculo afectivo que desarrollamos con nuestros amigos. Pero lo más fascinante del estudio es que vuelve a poner como prioridad el tiempo que pasamos con nuestros amigos. Algo que hoy en día parece cada vez más escaso y donde la mayoría de las personas dice que “no tiene tiempo”.

La falta de tiempo, el peor enemigo

Hace unos años el mundo se sintió muy identificado con un artículo que publicó The New York Times sobre lo difícil que era hacer amigos después de los 30. Hablaba de cuando se está inmerso en la vida laboral, cuando se tienen hijos, hipoteca ... "A edades más jóvenes se nos exige que le saquemos el máximo rendimiento a nuestro tiempo con lo que dificulta las amistades profundas porque para construirlas hay que invertir tiempo y esfuerzo", confirma el sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid Luis García Tojar.

Porque, según la sociología, para forjar una amistad profunda, de esas para toda la vida, se necesita compartir muchas horas que no estén excesivamente planificadas, como pasa durante la etapa escolar o universitaria. “Para formar lazos necesitamos poder aburrirnos juntos, algo que no suele pasar cuando se entra en el mundo laboral. Los turnos, las exigencias o la competitividad que pueden darse en el trabajo hacen que en esa época la gente se refugie en lealtades primarias como la familia o la pareja, el que la tiene, más que esforzarse en hacer un nuevo amigo", explica García Tojar.

La superficialidad de las redes sociales

García Tojar se muestra tajante respecto a las amistades online y los followers: "Este tipo de relaciones son básicamente muletas sociales para reforzar nuestra identidad y a que nos digan 'qué bien lo estás haciendo, ánimo, estás estupendo', pero en cuanto alguien emite una crítica lo tachamos de troll o hater y esto es muy diferente a lo que pasa con las amistades de toda la vida en las que te dicen 'oye, no, esto no lo estás haciendo bien'". Es decir, que se debilita nuestra red social tradicional y apelamos al móvil para sentirnos menos solos, pero según el sociólogo es un sustitutivo muy pobre que no reemplazará el valor de la verdadera amistad.

¿Entonces? ¿Cuál es la solución?: "En las sociedades antiguas uno ocupa el mismo papel social prácticamente desde que nace hasta que se muere, pero hoy en día eso de venir de un barrio en el que todo el mundo tiene un nivel socioeconómico y una mentalidad similar se ha debilitado mucho, y por cuestiones de movilidad, estudios y diversos cambios vitales es muy fácil que te encuentres con tus amigos de la infancia y no tengas nada de qué hablar o ni siquiera te caigan bien", explica García Tojar. La única opción que nos deja es ponerle paciencia y buena voluntad tanto con los de siempre como con los aspirantes a nuevos amigos. “Lo que sí que está claro es que no se puede prescindir de ellos ni sustituirlos por likes en el móvil”, concluye el sociólogo.

 

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