Más de la mitad de los jóvenes tienen una relación de dependencia con los móviles

Los resultados de un estudio, en el que ha participado la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, apuntan a que un 57,5% de los menores de 18 años experimentan problemas asociados al uso y abuso de los smartphones. Otros estudios revelan una predisposición hacia la depresión y el estrés en aquellos que usan masivamente Facebook, Instagram y Snapchat.

 

Más de la mitad de los jóvenes tienen una relación de dependencia con los móviles

El uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se ha generalizado en todo el mundo, aportando enormes beneficios, pero también riesgos importantes. El mal uso de estos dispositivos y aplicaciones se relaciona con problemas de salud mental y fallos de comportamiento en actividades de la vida diaria.

El estudio publicado recientemente en la revista Adicciones ofrece resultados sobre estos problemas por primera vez en la población general. Los investigadores han administrado diferentes cuestionarios en todos los grupos de edad y en distintos entornos geográficos y culturales. En total, han sido encuestadas 1.276 personas de 80 países diferentes, todas ellas residentes en España o países hispanohablantes.

“Los seres humanos han ido asimilando a gran velocidad todos estos avances, sin tener tiempo para hacerlo de una forma racional. Algunas poblaciones son especialmente vulnerables, como los niños y adolescentes, o los adultos con problemas psicológicos”, señala Gloria Rojo, terapeuta ocupacional e investigadora de la URJC.

Estrés y dificultades para realizar tareas complejas

En este sentido, el estudio se ha centrado también en la relación entre el abuso de las TIC y los síntomas de estrés o dificultades para realizar tareas complejas, como el pensamiento abstracto, la autoconciencia y la planificación (destrezas desarrolladas en la corteza prefrontal del cerebro humano). “Los resultados muestran una estrecha relación entre problemas con el uso de todos los dispositivos o recursos explorados y síntomas de mal funcionamiento prefrontal en la vida diaria, riesgo de mala salud mental y estrés percibido”, añade Gloria Rojo.

Entre los principales datos que ofrece esta investigación destaca que un 57,5% de los encuestados menores de 18 años presentan un uso problemático del móvil (un 7,9% de dependencia). A esta cifra le siguen un 45,1% en el uso problemático de internet (8,6% de dependencia), un 39% en la mensajería instantánea (10,7%), un 25,3% en redes sociales (6,1%) y un 10,9% en videojuegos (1,9%). A raíz de estos resultados, la investigadora de la URJC sugiere que es necesario “reconsiderar la relación que los seres humanos establecen con estas tecnologías y las consecuencias que un mal uso puede acarrear”. Además, a través de los sucesivos grupos de edad estos datos se mantienen bastante estables, siendo más altos en estudiantes universitarios.

Respecto a las diferencias por sexo, los hombres obtienen puntuaciones más altas en las escalas de ‘Internet’ y ‘videojuegos’ y las mujeres más en ‘móvil’, ‘mensajería instantánea’ y ‘redes sociales’. Los varones presentan también más síntomas prefrontales en general y las mujeres en problemas de control emocional.

Para llevar a cabo este trabajo, el grupo de investigación CAD-4 ha contado con la participación anónima y voluntaria de los encuestados. El equipo está compuesto por científicos del Instituto de Adicciones de Madrid Salud (Ayuntamiento de Madrid), de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Francisco de Vitoria y la Universidad Rey Juan Carlos.

Desarrollo incesante de aplicaciones

La aparición de las TIC se puede describir a partir de dos hitos importantes: la disponibilidad de internet en los hogares a finales del siglo XX y la aparición de los teléfonos móviles inteligentes o smartphones a mediados de la década pasada. “La incorporación de estas tecnologías y el desarrollo incesante de aplicaciones ha permitido llevar en una mano una enciclopedia, toda la música, comunicación inmediata con cualquier lugar del mundo e infinidad de juegos, entre otras muchas cosas”, subraya Gloria Rojo.

Con el objetivo de investigar y proporcionar atención psicológica a quienes han perdido el control en el uso de Internet o los móviles, el Plan Nacional sobre Drogas ha incorporado esta problemática entre sus competencias. La investigadora de la URJC valora positivamente esta acción y añade que “se requieren políticas educativas que desarrollen estrategias de control personal desde tempranas edades, puesto que el uso de las TIC se inicia cada vez más pronto, cuando los niños ni siquiera cuentan con capacidad cerebral para controlar su comportamiento”.

IIIIIIIIII

Depresión, estrés y baja autoestima por el uso de las redes sociales

Cada vez más psicólogos y sociólogos están notando una predisposición preocupante hacia el estrés y la depresión en aquellos que usan masivamente servicios como Facebook, Instagram y Snapchat. El rango de edad de 13 a 18 años es donde más se notan los trastornos de la personalidad marcados por la exposición excesiva a internet.

Eric Vanman, de la Escuela de Psicología de la Universidad de Queensland, es el investigador principal de un estudio publicado en la revista Journal of Social Psychology que estudia los efectos psicológicos de suspender temporalmente el uso de Facebook.

“Las personas a veces optan por aislarse de su red social tomando descansos prolongados de Facebook. Este estudio investigó si abstenerse de Facebook reduce el estrés, pero también si reduce el bienestar subjetivo debido a la desconexión social resultante“, explica Vanman.

Los investigadores tomaron muestras de cortisol salival antes y después del período de prueba, una medida fisiológica del estrés.  Encuestaron a los participantes sobre su satisfacción respecto a la vida, estado de ánimo y soledad.

Finalmente, Vanman y su equipo encontraron que el breve descanso de Facebook tuvo impactos tanto positivos como negativos en el estrés y el bienestar de los participantes: por un lado, las personas experimentaron niveles más bajos de estrés en comparación con quienes siguieron usando Facebook normalmente, pero también se sintieron “desconectados del mundo”, lo que redujo sus niveles de bienestar general.

Los hallazgos de Vanman sugieren que dejar Facebook por 5 días puede ser una excelente decisión para “limpiarse mentalmente” del bombardeo de información y reducir los niveles de estrés. No obstante, también se encontró que las personas en condición ‘Sin Facebook’ dijeron sentirse menos satisfechas con sus vidas y se alegraron al final del experimento porque ya podían volver a utilizar Facebook.

Lo curioso es que, durante los días de aislamiento de la red social, este mismo grupo de personas pasó más tiempo en encuentros “cara a cara” con amigos, tal vez como una forma de sentirse conectadas con el mundo.

Instagram puede causar depresión

Si las redes sociales son, también, el reino del exhibicionismo, Instagram es probablemente la máxima expresión de esta deriva. Muchas personas usan la plataforma para publicar sus mejores posados y difundir una imagen de belleza y felicidad. Pero no solo eso, la mayoría sigue y está interesada solo en las fotos de personas bellas, ricas o atractivas. Una especie de esteticismo social que sin embargo tendría una consecuencia nefasta: la depresión.

La avalancha de bellos cuerpos medio desnudos, de vidas maravillosas hechas de viajes exóticos y hoteles de lujo nos hace soñar, pero también nos enfrenta a una realidad cotidiana que, salvo unos pocos casos afortunados, está muy lejos de tales escenarios. Una verdadera paradoja: lo que las personas más buscan en Instagram es precisamente lo que les puede provocar depresión.

Según varios estudios recientes, Instagram tendría efectos negativos en el humor de sus usuarios, especialmente entre las mujeres jóvenes. La Real Sociedad Británica de Salud Pública (RSPH), tras una investigación llevada a cabo con 1.479 británicos entre los 14 y los 24 años, ha clasificado a Instagram como la peor red social para la salud mental de los jóvenes. Las otras redes tratadas eran Facebook, Twitter, Snapchat y YouTube.

“Es interesante observar que tanto Instagram como Snapchat, las peores clasificadas en términos de salud y bienestar, son plataformas que giran en torno a la imagen y parecen conducir a sentimientos de inadecuación y ansiedad entre los más jóvenes”, dice Shirley Cramer, directora de la Royal Society.

Tanto es así que la plataforma ha decidido abordar estos problemas creando un ‘Equipo para el bienestar’, cuya función, sin embargo, no queda nada clara. Instagram por un lado parece querer evitar la formación de complejos y fenómenos depresivos en sus usuarios, pero la realidad es que las medidas que ha adoptado, como un filtro para los comentarios ofensivos o este misterioso ‘equipo’, no son suficientes.

La RSPH, por su parte, aconseja la implementación de una ventana pop-up para avisar a los usuarios que han estado usando la plataforma durante demasiado tiempo, o una marca que indique si una imagen ha sido alterada digitalmente. De hecho, por muchos #nofilter que se pongan, la realidad casi siempre es otra.

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