La importancia de las bacterias intestinales en las reacciones emocionales y la obesidad

Diversos estudios prueban una vinculación clara entre las bacterias predominantes en el intestino de una persona, la estructura de su cerebro y sus reacciones emocionales, así como su impacto en la obesidad.

La importancia de las bacterias intestinales en las reacciones emocionales y la obesidad

Existe una vinculación clara entre las bacterias predominantes en el intestino de una persona, la estructura de su cerebro y sus reacciones emocionales, sin que de momento se pueda determinar si es la microbiota intestinal la que condiciona que las personas tengan un determinado cerebro y mayor o menor sensibilidad a los impactos emocionales negativos o si es una determinada neurobiología la que modifica el tipo de bacterias que residen en el intestino de las personas.

Esto es lo que concluye un estudio que investigadores de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), publicaron a finales de junio en Psychosomatic Medicine: Journal Of Behavioral Medicine y que confirma en humanos lo que ya se había constatado en animales: la interacción entre la microbiota intestinal y las diferencias de comportamiento.

“En ratones se han visto señales claras de que la microbiota influye en el comportamiento, que condiciona la respuesta al estrés y la asunción de riesgos, y que el comportamiento también afecta a la microbiota, y la relevancia de este estudio es que da el salto a humanos y ve cambios parecidos a los observados en ratones, lo cual es prometedor para continuar investigando”, explica Roger Paredes, investigador del Institut de Recerca de la Sida, IrsiCaixa, que estudia la relación entre la microbiota y la infección por VIH.

Asimismo, según apunta una investigación de la Universidad de Zaragoza, estos microorganismos modulan los niveles de serotonina, un neurotransmisor relacionado con los estados de ánimo. Por eso se habla de la microbiota como el segundo cerebro. Todo este cúmulo de información lleva al nutricionista Miguel Aganzo Yeves, de los hospitales madrileños Fundación Jiménez Díaz y Rey Juan Carlos, a afirmar que “la flora intestinal es un componente más a tener en cuenta en el tratamiento de las enfermedades”.

Francisco Guarner, director del Área de Digestivo del Hospital Vall d’Hebron, investigador y y gran especialista en microbiota, resalta el gran interés que hay en determinar si modificando la microbiota se puede modificar la conducta –algo ya constatado en ratones– porque eso abriría nuevas oportunidades a tratar la depresión y otras enfermedades mentales.

De momento, lo que ha visto el grupo de investigadores de UCLA –entre los que figuran Kirsten Tillisch y Emeran Mayer–, mediante resonancias magnéticas del cerebro de personas con diferentes enterotipos –desde 2011 los expertos dividen a la población humana en tres enterotipos según las bacterias predominantes en su aparato digestivo– es que cada enterotipo va asociado a estructuras diferentes de la materia gris y la materia blanca del cerebro.

Distintos tipos de bacterias, distintas reacciones

Tras reunir a una cuarentena de mujeres sanas, dividirlas en dos grupos en función de la composición de su microbiota, tomar diversas imágenes de su cerebro y realizarles escáneres, observaron que en las de predominio de bacterias Prevotella la materia blanca mostraba mayor conectividad funcional entre las áreas sensorial, emocional y atencional que en las del enterotipo Bacteroides. Y en este segundo grupo, el volumen de materia gris era superior en diversas regiones, como la frontal, el cerebelo y el hipocampo. Además, el grupo Prevotella mostró menos actividad del hipocampo cuando las mujeres eran expuestas a imágenes de valencia emocional negativa, al tiempo que reaccionaron a ellas con mayor ansiedad, angustia e irritabilidad que las del grupo Bacteroides.

Influencia en la salud

Desde que en el 2011 identificaron que igual que hay grupos sanguíneos hay tres grupos de microbiota –enterotipo A, dominado por bacterias de tipo Bacteroide; B, con predominio de Prevoleta, y C, con dominio de Rominococo–, se le han atribuido muchas influencias sobre la salud. “Es un órgano más del cuerpo que produce sustancias que tienen impacto en el organismo, normalmente beneficiosas, pero a veces no, y por eso hay que cuidarla”, explica Francisco Guarner. Y apunta que la microbiota se ha relacionado con la mayor o menor efectividad de los fármacos, con la obesidad, con alergias, con la mortalidad por infarto y por ictus, y con otras enfermedades cardiovasculares. “Costó mucho convencer a las agencias de investigación de EE.UU. y la UE para que subvencionaran estudios sobre la microbiota, pero estamos consiguiendo resultados y poco a poco todos los médicos van asumiendo que las bacterias intestinales se han de vigilar y cuidar”, indica.

IIIIIIIIIIII

Microbiota intestinal, diana para combatir la obesidad

Investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM) y del Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) ponen nombre a otra de las causas de la obesidad y sus comorbilidades: el succinato, un metabolito producido por algunas bacterias de la flora intestinal, cuyos niveles circulantes se encuentran incrementados en pacientes obesos y que podría explicar el origen de las alteraciones metabólicas propias de la obesidad al facilitar la inflamación crónica.

El estudio abre la puerta a nuevas dianas terapéuticas relacionadas con la microbiota intestinal. Publicado en la prestigiosa revista ISME Journal, el trabajo ha sido liderado por Joan Vendrell y Sonia Fernández-Veledo, investigadores del IISPV y el CIBERDEM.

Patente para mejorar el perfil metabólico de personas obesas

Los pacientes con diabetes y obesidad presentan cambios específicos en la flora intestinal que pueden mediar en las alteraciones metabólicas que poseen.

“A pesar de que es necesario realizar estudios adicionales, los resultados derivados de este trabajo han permitido la identificación de cepas bacterianas específicas susceptibles de ser la base de formulaciones probióticas para el tratamiento de enfermedades altamente prevalentes en nuestra sociedad como son la obesidad y sus comorbilidades”, precisan los especialistas.

Además, este trabajo es la base de una patente recientemente solicitada dirigida al uso de intervenciones nutricionales y farmacológicas específicas para modificar la relación de bacterias productoras vs. consumidoras de succinato con el objetivo de mejorar el perfil metabólico de los individuos obesos.

IIIIIIIIIII

Estos son los 3 alimentos que peor le sientan a nuestro segundo cerebro

Las preferencias gastronómicas de nuestra microbiota (estos cien billones de bacterias que pueblan el intestino humano, y que pesan algo más de dos kilos según el catedrático de Microbiología Ignacio López Goñi) ha cautivado el interés de los científicos, y durante los últimos años se han multiplicado las publicaciones al respecto.

La alimentación que damos a esa comunidad bacteriana afecta de forma directa a nuestra salud. Las grasas saturadas, por ejemplo, favorecen el aumento de poblaciones microbianas (firmicutes) asociadas a la obesidad. En cambio, los alimentos ricos en fibra insoluble (como las verduras, el pan integral y las semillas) facilitan el crecimiento de bacterias beneficiosas (bacteroidetes) que reducen el sobrepeso, según una investigación publicada

Y no solo la silueta está influenciada por estos habitantes de nuestras tripas. La diabetes tipo 2, las enfermedades inflamatorias intestinales y algunos tipos de cáncer y trastornos inmunológicos también mantienen una estrecha relación con la microbiota. Últimamente han aumentado las evidencias sobre su relación con el eccema y la dermatitis atópica, según recoge el portal médico Intramed. E incluso se ha vinculado con la longevidad.

¿Podemos modificarla?

“Es posible que se pueda modular a través de la comida, y que contribuya en los tratamientos, pero lo más relevante es tener la capacidad para crear un entorno favorable, que promueva la colonización de una microbiota saludable”, añade el nutricionista, y recomienda "seguir unas pautas dietéticas sanas”. Por todo ello, si quiere mejorar la composición de su flora, debería evitar (o limitar) estos alimentos:

- Bollería industrial

Hay que huir de las dietas ricas en grasas saturadas. “Las comidas precocinadas y la mayoría de alimentos envasados suelen llevarlas. Y los aceites de palma y coco, si se consumen en exceso, también pueden alterar la microbiota”, apunta el nutricionista. Aganzo insiste en que el problema "son los estilos de vida basados en comidas con exceso de grasa. Por comer ocasionalmente algo que no sea muy saludable no se va a alterar nada”. Y viceversa: “Consumir yogures mejora la diversidad de la flora intestinal, pero hay que tomarlos regularmente. Por hacerlo un día no se consigue nada”, recalca.

- Helados y mayonesa industriales

Sobre todo los helados industriales, y también las mayonesas. Concretamente, a los emulsionantes que contienen estos productos, que "son los aditivos que se emplean en la fabricación industrial, para dar una textura cremosa a un alimento que contiene grasa”, explica el especialista. Y añade: “Se desconocía si podían afectar negativamente a la salud humana, hasta que se ha descubierto cómo alteran la microbiota”. En este sentido, una investigación liderada por la Universidad Estatal de Georgia (EE UU) señala estos emulsionantes como responsables de cambios en la flora, que pueden favorecen la aparición de cáncer colorrectal.

- Edulcorantes artificiales

Tomar dosis continuas de aspartamo (el edulcorante que más se utiliza en la industria alimentaria), aunque sea en poca cantidad, modifica la composición de la flora y podría alterar la resistencia a la insulina (favoreciendo la aparición de diabetes), apunta una investigación coordinada por la Universidad de Calgary (Canadá). La sucralosa, por su parte, reduce esa microflora (el descenso se mantiene durante semanas) y aumenta el pH fecal, lo que dificulta la absorción de algunos medicamentos tomados por vía oral.

Además de estos tres alimentos, las carnes de animales que han recibido antibióticos también pueden disminuir la variedad de especies que contiene la flora y, en definitiva, aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el intestino.

Sin duda, el estudio de esa numerosa comunidad bacteriana será en el futuro una pieza fundamental de la medicina personalizada. Muchas veces, una muestra de heces, en lugar de una de sangre, será suficiente para que el médico prescriba cambios en nuestra dieta con el objetivo de atajar problemas metabólicos. Así lo afirma un estudio realizado por la Universidad Estatal de Luisiana (EE UU) en el que queda claro que la variedad de alimentos (sanos) es la piedra angular para mantener su segundo cerebro saludable.

Comentarios
La importancia de las bacterias intestinales en las reacciones emocionales y la obesidad
You are using Opennemas CMS
TRY IT NOW