Toallitas desintegrables: las únicas que pueden verterse en el inodoro

Tirar las toallitas húmedas al inodoro causa problemas medioambientales y de gestión de agua y residuos, además de conllevar costes económicos de limpieza estimados entre cuatro y seis euros por persona y año, según denuncian varios expertos.

Toallitas desintegrables: las únicas que pueden verterse en el inodoro

Es una cantidad que “puede parecer pequeña, pero en ciudades con millones de habitantes la cifra se dispara” y, a nivel estatal, sobrepasa los 200 millones de euros, explica el presidente de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS), Fernando Morcillo.

Las imágenes de colectores atascados con miles y miles de toallitas higiénicas han sacudido recientemente nuestras retinas. Un problema que sufren muchas grandes ciudades, como Londres, Nueva York, Madrid e incluso Valencia y San Sebastián, donde el tapón encontrado hace unas semanas era del tamaño de seis coches. Un problema que acarrea destinar muchos esfuerzos, ya que provoca en ocasiones inundaciones y roturas de tuberías, además de los costes económicos ya mencionados.

Morcillo señala que la mayoría de los fabricantes de toallitas húmedas “incumple los estándares de calidad” porque las toallitas, que forman parte del textil no tejido, “deberían tener fibras enlazadas de forma caótica para deshacerse, como sucede en el caso del papel higiénico, pero pocos fabricantes cumplen este requisito”. La razón es que, en lugar de emplear celulosa pura, “muchas empresas abaratan su producción a costa del material” y utilizan una “masa de residuos plásticos de tercera categoría”.

Y el resultado es que los tejidos “no se desintegran con facilidad y por tanto no son biodegradables”, además de estar “humectados con productos químicos contaminantes”. A ello hay que añadir que la red de alcantarillado cuenta con un sistema de desagüe en tubos de transporte donde “pueden producirse vertidos de aguas residuales debido a los atascos generados por las toallitas.

Los supermercados tienen, para Morcillo, un “papel fundamental” a la hora de afrontar este problema mediante la concienciación de sus clientes porque no es raro que “las toallitas se coloquen junto al papel higiénico y mucha gente cree que se pueden desechar igual”, a lo cual contribuye su etiquetado y publicidad engañosas cuando se describe este producto como “papel higiénico húmedo”. Incluso “hemos encontrado marcas que invitan al usuario a desechar dos o tres toallitas por el inodoro antes de tirar de la cadena”, denuncia el especialista, “pese a que ningún estudio avala que la infraestructura de saneamiento pueda asumirlo”.

Los fabricantes que sí velan por la calidad del producto “somos los primeros que estamos interesados en que se exija un estándar de calidad”, apunta el director general de Estrategia y Servicios Generales del Grupo Ubesol, Antonio Guerola, quien lamenta que las toallitas sean “la parte más visible de la amalgama de residuos retirados” de las redes de saneamiento. Sin embargo, no son los únicos desperdicios de este tipo porque “también hemos encontrado bastoncillos de algodón, tampones e incluso preservativos”, dice. Por ello la compañía de Guerola está “trabajando con la AEAS y con otras entidades para crear una norma común” y asumible por todo el sector que permita mejorar la situación.

El problema de estos residuos es tan preocupante en algunas ciudades que el Grupo Parlamentario Socialista (GPS) ha presentado en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley que insta al Gobierno a impulsar una campaña institucional para alertar a los consumidores.

Ausencia de reglamentación en España

En España no existe de momento una legislación específica que regule este tipo de productos y que permita distinguir, por ejemplo, los que se desintegran de los que no, para impedir que estos últimos se viertan en el inodoro. Se ha creado un grupo de trabajo con la Asociación Española de Aguas de Saneamiento, en el que participan varios fabricantes de papel, así como otros agentes, para tratar de elaborar una normativa. Se espera que en 2108 esté lista la reglamentación, lo que permitirá que se pueda exigir su cumplimiento y se erradique la confusión actual, ya que ni siquiera las campañas de concienciación emprendidas por los organismos parecen haber sido eficaces.

¿Y en el ámbito internacional? Tampoco hay una reglamentación específica. Por ahora, solo Bélgica ha elaborado un decreto regulador.

Senén Amunárriz, director general de Papelera Aralar, fabricante de toallitas desintegrables (ver recuadro), considera que los retos son tres: informar a los transformadores y marcas para que se distingan y se utilicen las toallitas totalmente desintegrables cuando se quieran verter en el inodoro; proponer a la Administración una regulación de toalllitas como la existente en Bélgica, reglamentando el etiquetado, y finalmente, establecer un posible logo en los paquetes de toallitas recomendando o certificando la dispersabilidad.

Un ejemplo de que se trata de un mercado emergente y con un gran potencial es que el 50% de los usuarios de toallitas de bebés en EE UU no tiene hijos; es decir, que es un producto multiusos. “Nadie sale de casa en norteamérica sin un paquete de toallitas. Las toallitas vienen para quedarse”, enfatiza Amunárriz, por eso indica que es necesario y urgente una reglamentación. De hecho, apunta a que el abanico de productos que se pueden elaborar con esta fibra totalmente desintegrable es muy amplia y señala que los próximos son las toallitas de bebés, las desmaquilladoras, las destinadas a la higiene íntima femenina y para asearse tras el ejercicio físico.

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Toallitas cien por cien desintegrables

Una pequeña empresa guipuzcoana, la papelera Aralar, encontró en 2014 una solución a este problema a petición de sus clientes internaciones. El resultado es una fibra de papel, denominado Araflush, que permite que las toallitas higiénicas se desintegren totalmente en el agua, sin dejar ningún resto químico y por lo tanto sin contaminación. Es el primer producto libre de aditivos y 100% desintegrable.

Para desarrollar este producto -el papel que sirve de base para las toallitas- la compañía ubicada en Amezketa, Guipúzcoa, una empresa familiar creada en 1935, tuvo que compatibilizar varias tecnologías ya existentes. El reto era lograr un papel húmedo con mucha resistencia y totalmente desintegrable, un proceso en el que se invirtió más de un año. El resultado es un producto de un grosor mayor que el papel normal, ya que tiene sesenta gramos, en el que el cosido se realiza de un modo natural, mediante un jet -chorro- de agua, de 600 bares, que se comporta como una aguja. Senén Amunárriz, director general de la empresa y nieto de uno de los fundadores de la factoría, destaca el hecho de que la compañía guipuzcoana ha sido la primera en realizar cosidos totalmente desintegrables.

Este adjetivo cobra una especial relevencia, ya que asegura que la mayoría de las toallitas que están en el mercado y que se anuncian como 'desechables', es decir, aptas para tirarlas al inodoro, tienen cierta biodegradabilidad pero no se desintegran, ya que están fabricadas con un 50% de viscosa y 50% con poliéster, que es un plástico.

Una manera fácil de comprobarlo -tal y como muestra Amunárriz- es introducir las diferentes toallitas por separado en una botella con 30 centilitros de agua. Se mantiene unos segundos y se agita. Las que contienen poliéster siguen flotando en el agua, mientras que las que son totalmente desintegrables se disuelve por completo.

El director general de la empresa señala que la mayor parte de la producción se destina a los mercados exteriores, sobre todo a EE UU, donde las toallitas con fibra de Aralar se comercializan en las principales cadenas americanas, pero también a Corea y China. En Europa, venden a clientes alemanes e italianos, entre otros.

En España, el mercado de este tipo de fibra -insistimos en lo de totalmente desintegrable- es más incipiente y trata de abrirse hueco entre la amalgama de productos biodegradables que inundan las estanterías de las grandes y pequeñas superficies comerciales y que confunden al consumidor. Una conocida cadena valenciana de distribución comercializa desde hace más de un año toallitas elaboradas con el material de la Papelera Aralar, y otras de la competencia están dando pasos en el mismo sentido.

 

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