Cómo leer las etiquetas para que no te puedan engañar

La organización de consumidores OCU ha iniciado una campaña en la que nos invita a desconfiar de lo que leemos en las etiquetas de los alimentos y nos brinda herramientas para detectar los trucos más usados por fabricantes y comerciantes.

Cómo leer las etiquetas para que no te puedan engañar

En las etiquetas hay un montón de palabras que evocan o sugieren algo que no es cierto. Imágenes y adjetivos a menudo se utilizan con la finalidad de crear confusión. ¿A quién no le tienta un “jugoso”, un “natural” o un “casero”?

¿Cuántas veces hemos tenido en las manos un paquete de galletas con el reclamo de “naturales” o “recién horneadas” y luego, escudriñando la letra pequeña descubrimos que más que galletas son una mezcla de aceite de palma, jarabe de glucosa, fructosa, gasificantes y emulgentes?

En las etiquetas hay un montón de palabras que evocan o sugieren algo que no es cierto. Y, por el contrario, a veces la clave está en la palabra que falta. Todo en el envase finge ser algo que no que es. Por ejemplo, en un envase de lo que parece queso rallado la palabra queso no aparece. Esas palabras que faltan en la etiqueta no se omiten sin querer, sino porque, con la normativa en la mano, lo que tratan de vender no es queso, sino un preparado lácteo.

Ésta es una lista de los términos confusos que nos deben hacer desconfiar:

Natural. Ese calificativo despierta en el consumidor la creencia que lo natural es mejor, pero es un término vacío que sólo puede a atribuirse al agua mineral natural envasada (la que se obtiene directamente de manantial), al yogur natural (con fermentos e ingredientes lácteos y sin aromas), a los aromas naturales (aditivos de origen vegetal o animal) y a las conservas al natural. En los demás casos, es una exageración.

Casero o artesano. Si lo leemos en un producto envasado está claro que ha seguido un proceso industrial, que en la mayoría de los casos implica utilizar un montón de aditivos con las etiquetas de “E-…”. (Ver recuadro).

100% carne de… o el truco del porcentaje. Por ejemplo, las salchichas de pavo que fabrica una conocida marca de embutidos. La OCU advierte que no estás comprando salchichas de pavo al 100%, sino una salchicha donde el 41% es 100% pavo. El 59% restante es una mezcla de agua, almidón, proteína de soja, fibra vegetal, aromas y especias.

Elaborados. Un término frecuente en productos de mar que se venden frescos, y denota que normalmente lleva agua añadida y algunos aditivos que facilitan que se aclare el color y se ablande el producto. Recurrir a esto es algo habitual sobre todo en los envases de anillas de calamar, que, en algunos casos, se trata de pota.

Extrajugoso. Cuando se trata de alimentos preparados lo que suele indicar es que nos encontramos con un producto de una calidad inferior, con menos carne y más agua, de ahí que sea más jugoso.

Marinado. Lo que suele aportar el marinado industrial es agua añadida, que aparece en el segundo lugar de la lista de ingredientes. Si descuentas el porcentaje de carne que te indica la etiqueta de un producto “marinado”, lo que queda es agua con aditivos, además de especias y aromas para dar sabor.

Sabor a… La etiqueta de ese yogur, ese postre, ese dulce con “sabor a” lo que está diciendo es que el producto no tiene nada más que el sabor de lo prometido. Yogur sabor a fresa pero sin fresa.

Néctar. Zumo diluido con agua, al que se añaden azúcar o edulcorantes y aromas para compensar.

En la página web de la OCU encontrarás la lista completa de los productos que han denunciado por lucir etiquetas engañosas. Con el hashtag #EtiquetasTrampa aglutinan toda esta operación para ayudar a los consumidores y obligar a los fabricantes a modificar el tono de los etiquetados.

 

IIIIIIIIIII

El misterio de las conservas con conservantes

Fundación Vida Sostenible

Hace dos siglos que Nicolás Appert inventó el frasco de conservas, una técnica que cualquiera puede hacer en casa. Se ponen las legumbres cocidas en un tarro herméticamente cerrado, se esteriliza el conjunto a alta temperatura un buen rato y ya está. Una vez enfriado, el bote se conservará indefinidamente hasta que dejemos entrar aire en su interior.

Lo que no pensó Appert era que se fuera a inventar un refinamiento de su método consistente en añadir conservantes a la conserva. En concreto, la mayoría de los botes de vidrio de legumbres llevan el aditivo E-385, también conocido como EDTA, ácido etilendiaminotetracético. Suele ir acompañado del E-300 (ácido ascórbico) y de sulfitos y dióxidos de azufre variados.

Por ejemplo, “Garbanzo cocido, agua, sal y antioxidante (E-385)”. O bien EDTA y dióxido de azufre, E-385 y metabisulfito sódico, EDTA de disodio y calcio, etc.

Hay una correlación directa entre la presencia y abundancia de aditivos y el precio del producto. Los garbanzos baratos tienen aditivos, los garbanzos caros no. Esto parece un contrasentido, porque el EDTA y similares cuesta dinero, que se añade al precio del producto. No es necesario usar ningún conservante ni antioxidante en una conserva hermética, como se sabe desde los tiempos de Appert y demuestran las marcas que no los usan.

¿Para qué entonces se toman las marcas baratas la molestia de añadir EDTA y similares a sus productos? La razón oficial es que estos aditivos evitan el pardeamiento del producto. Es decir, estamos ingiriendo dosis importantes de ácido etilendiaminotetracético para que las alubias de bote sean blancas y los garbanzos amarillos. No se sabe cómo consiguen el mismo resultado las legumbres sin aditivos.

El EDTA es un aditivo perfectamente legal, pero está presente en tantos productos que podemos ingerir una cantidad importante con facilidad. Los efectos a largo plazo de su ingesta no son bien conocidos, pero un elemental principio de precaución indica que es mejor no ingerirlo con frecuencia que sí hacerlo.

Si tenemos poco dinero, estamos condenados a las legumbres con EDTA. Una manera de solucionar este problema es remojar las legumbres secas y cocerlas nosotros mismos. O bien encontrar una marca que no use aditivos, suelen estar en la sección de alimentos ecológicos y por ende caros. También podríamos intentar convencer a los fabricantes de que no hace falta que añadan EDTA ni bisulfitos ni dióxido de azufre a sus productos, que las conservas no necesitan conservantes.

 

Comentarios
Cómo leer las etiquetas para que no te puedan engañar
You are using Opennemas CMS
TRY IT NOW