Leches de crecimiento, ¿una buena opción o un suplemento innecesario?

La Asociación Española de Pediatría destaca en un documento la oportunidad que representan las leches de crecimiento como opción útil y complementaria a partir del primer año de edad.

Leches de crecimiento, ¿una buena opción o un suplemento innecesario?

La organización de consumidores OCU cuestionaba hace unos meses la necesidad de incluir en las dietas de los más pequeños las denominadas leches de crecimiento, aquellas en las que la grasa láctea se sustituye por grasas poliinsaturadas -más ricas en ácido alfa linolénico (ALA) y en ácido decosahexanoico (DHA)- y se enriquecen además con hierro, yodo o vitamina D. Y destacaba que, si bien “es verdad que los niños de corta edad pueden tener deficiencias en esos nutrientes añadidos, también lo es que deben incorporarse de manera natural en la dieta diaria, a través de la fruta, verduras, carnes, pescados, huevos, cereales y la leche de vaca”.

Ahora, sin embargo, el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, en colaboración con la Federación Iberoamericana de Nutrición y con la Fundación Española de Nutrición, ha elaborado un documento sobre la importancia de la leche en los primeros años de vida y, específicamente, la oportunidad que representan las leches de crecimiento como opción útil y complementaria a partir del primer año de edad.

Subraya la asociación que la alimentación en los primeros años de vida juega un papel fundamental para el adecuado desarrollo de los niños y que numerosos estudios demuestran que en los primeros meses de vida la leche materna constituye el alimento idóneo para el bebé. Ahora bien, en el momento en que se inicia la diversificación alimentaria, es fundamental prestar atención a la dieta con el fin de que sea completa, variada y equilibrada.

Partiendo de esta premisa, el Comité de Nutrición de la AEP ha elaborado este documento en el que destaca la oportunidad que representan las leches de crecimiento “como opción útil y complementaria en la dieta a partir del primer año de edad, para mejorar los aportes de determinados nutrientes esenciales, como calcio, hierro, vitamina D o ácidos grasos Omega 3 DHA”.

Los autores del documento subrayan que “la dieta en los niños de 1 a 3 años ha de cubrir los requerimientos nutricionales específicos de esta etapa de la vida, ya que las necesidades en cuanto a ingestas de proteínas, lípidos, hierro y vitamina D son diferentes a las de la edad adulta”. Por ello para mantener una alimentación equilibrada en la infancia se recomienda consumir “frutas, verduras y hortalizas diariamente, entre dos y tres porciones diarias de leche y/o lácteos, y aumentar el consumo semanal de pescado”.

Sin embargo, diversos estudios han puesto de manifiesto que los niños españoles tienen una ingesta relativamente elevada de proteínas, lípidos y ácidos grasos saturados, y bajas ingestas de ácidos grasos Omega 3, hierro y vitamina D.

En este sentido, tal y como indican los pediatras en este trabajo, “la leche, por sus características biológicas y por el hecho de estar presente en el 99% de los hogares españoles, es un buen vehículo para el enriquecimiento con nutrientes, como la vitamina D o los ácidos grasos poliinsaturados Omega 3”. Así, el documento señala que a partir del año, cuando con la dieta habitual no se consiga cubrir los requerimientos de determinados nutrientes, “las leches adaptadas con mejoras en el perfil proteico y lipídico representan una oportunidad porque permiten completar los requerimientos del niño”.

Recuerdan que desde hace varios años están disponibles una serie de productos lácteos líquidos cuya composición ha sido adaptada para cubrir los requerimientos nutricionales tan específicos para este grupo de edad. “Estos productos, denominados genéricamente como ‘leches de crecimiento’, son una opción complementaria en la dieta para alcanzar las ingestas recomendadas de nutrientes esenciales en la infancia.

Además, como indican los autores, “la leche proporciona proteínas de alto valor biológico, fundamentales para el crecimiento y desarrollo infantil. Con el objetivo de adaptarse mejor a las necesidades de los niños de corta edad, las leches de crecimiento tienen un contenido proteico reducido. También tienen un perfil lipídico modificado, más equilibrado, al incorporar mayor cantidad de ácidos grasos poliinsaturados -como el Omega 3 DHA-, y monoinsaturados, y reducir el contenido de grasa saturada”.

Por último, y en lo que respecta al azúcar presente en las leches de crecimiento -la OCU también advertía de que este tipo de lácteos contienen sacarosa y fructosa para endulzar así como aromas añadidos “igualmente innecesarios”-, el trabajo de la AEP destaca que el principal azúcar de estas leches es la lactosa, presente en todas las leches y productos lácteos, aunque también reconoce que algunas de estas leches pueden contener una pequeña cantidad de azúcar añadido, “con el objetivo de matizar el sabor que aportan otros nutrientes como el Omega 3 DHA o el hierro”.

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