La resistencia a los antibióticos: un problema al que hay que hacer frente

Cada vez más bacterias se vuelven resistentes a los antibióticos disponibles a medida que adquieren nuevos mecanismos de defensa. Las súperbacterias han encontrado en un medio ambiente cargado de residuos químicos un medio ideal para crecer y fortalecer su resistencia a los antibióticos, según ha alertado la ONU. Los investigadores exploran nuevas dianas.

La resistencia a los antibióticos: un problema al que hay que hacer frente

Los antibióticos y productos antimicrobianos que se utilizan de forma masiva en la cría de reses o las piscifactorías, se suministran los humanos o se utilizan en desinfectantes terminan en los ríos, el suelo o el agua del mar donde se topan con colonias de bacterias. Esos productos no están presentes en la concentración suficiente como para matar esas colonias, pero sí "pueden bastar para estimular la resistencia a los antimicrobianos", explica el informe de la ONU. Es decir, son un caldo de cultivo para producir súperbacterias que luego contraatacarán sin que el arsenal de medicinas sea efectivo contra ellas.

La vía de contaminación más relevante es la del ganado: el 75% de los antibióticos utilizados se aplican a animales. El circuito hace que hasta el 80% de los antibióticos pasen de los animales al medio mediante el abono de estiércol que contamina las escorrentías superficiales y las aguas subterráneas. Incluso pueden llegar así a los cultivos de plantas, apunta la ONU que añade, además, que tres cuartas partes de lo que se les da a los peces de la acuicultura también se dispersa en el medio. Y allí ejercen como palanca para que las bacterias que sobrevivan sean las más resistentes.

Los análisis han venido a demostrar que algunos de los genes que vuelven invulnerables a los patógenos en los ambientes clínicos como los hospitales se originaron en las bacterias que medabran en el medio natural.

Un proceso similar ocurre en los circuitos urbanos de abastecimiento. Las aguas residuales municipales contaminantes de muchos tipos: desde productos farmacéuticos y de higiene personal procedentes de los hogares hasta desechos de los hospitales con desinfectantes y, otra vez, antibióticos. También arrastran restos de la actividad industrial.

El ciclo de gestión del agua no es suficiente para eliminarlos. "Las plantas de tratamiento de aguas residuales no son capaces de eliminar todos los antibióticos y bacterias resistentes" que llevan suspendidos, explican. Las depuradoras están pensadas para eliminar contaminantes convencionales o residuos sólidos.

Jabones y desinfectantes

Incluso en los estados que una alta inversión en el tratamiento de aguas residuales, la contaminación bioquímica se escapa. Un grupo de investigadores de la Universidad de Éxeter (Reino Unido) ha hallado evidencias de que muchos bañistas se han expuesto a una variante de la bacteria Escherichia coli resistente a antibióticos: seis millones de baños al año en esas condiciones.

La situación ha hecho que la Agencia del Medicamento de EEUU haya prohibido ciertos antibacterianos en los jabones por "ineficaces" y porque su uso contribuye a la generación de patógenos resistentes. Solo desde 2015, la Unión Europea ha creado una lista de vigilancia de productos contaminantes del agua entre los que hay tres antibióticos.

De manera que los análisis han demostrado que allí donde hay actividades humanas "los niveles de antibióticos y resistencia a ellos aumentan". Las súperbacterias son un problema de salud público hoy, pero está considerado como una de las mayores amenazas para el futuro.

Europa en general y España en particular están a la cabeza en infecciones resistentes a los antibióticos. El último informe del Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC) evidenció cómo los casos de bacterias inmunes en España crecieron en 2016 entre un 4,7 y un 11%, según el tipo de patógeno. La Escherichia coli y la Klebisella pneumoniae son los microbios más preocupantes.

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Una bacteria propia de hospitales, en los parques infantiles

La bacteria Clostridium difficile coloniza tanto humanos como animales y medio ambiente. Las infecciones que provoca suelen estar ligadas a la estancia hospitalaria. Sin embargo, se ha descubierto la presencia de esta bacteria en los areneros para niños y animales de parques madrileños.

Al menos veinte areneros de parques infantiles y para perros de Madrid presentan formas agresivas de la bacteria Clostridium difficile, según una investigación en la que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Se trata de una bacteria difícil de reducir puesto que se encuentra en personas, animales o en el medio ambiente. “Hace unos años prácticamente el 100 % de las infecciones humanas por Clostridium difficile eran hospitalarias. Hoy día se ha rebajado ese número al 95%, y en los próximos años seguirán aumentando los casos contagiados fuera del hospital”, pronostica José Luis Blanco, investigador del departamento de Sanidad Animal de la UCM.

El estudio, en el que también participa la Universidad de Leiden (Países Bajos) y que se ha publicado en la versión impresa de Zoonoses Public Health, pone en relieve el riesgo sanitario ambiental de una veintena de areneros frecuentados por niños y perros en tres zonas de Madrid.

Aunque no se puede demostrar todavía que estos resultados sean similares en otras ciudades, ni tan siquiera en otros parques de la región, Blanco está convencido de que lo serían.

Los casos de infección por esta bacteria en niños son raros si bien “cada vez lo son menos”, advierte el experto. En principio, se considera que por debajo de los dos años de edad no provoca ningún tipo de patología debido a la falta de receptores para las toxinas en el intestino de esos menores.

“A partir de esta edad, sí se puede producir la enfermedad, además de transformarse en transmisores de la misma”, añade.

Intestino, el punto débil

En los centros hospitalarios, la bacteria Clostridium difficile provoca, en la mayoría de los casos, una alteración de la flora intestinal como consecuencia de tratamiento con antibióticos. El cuadro clínico del paciente se caracteriza por un proceso diarreico que puede ocasionar lesiones en el intestino que precisen la extirpación de parte de este.

“En principio, no origina un número elevado de muertes, pero sí se traduce en un muy elevado coste económico al incrementar notablemente el tiempo de hospitalización de los pacientes”, aclara el investigador.

El reino animal también es víctima de la bacteria por ingesta de esporas a partir de material contaminado. El equipo de la facultad de Veterinaria de la UCM ha conseguido aislarla de perros, cerdos, animales de zoo (cebras, gacelas, chimpancés), terneros y pollos. “Prácticamente donde la busques, allí estará”, según el veterinario.

Cambiar la arena de estos parques por suelos de caucho (como ya se está haciendo en algunos lugares) y vallar las zonas infantiles son algunas medidas que propone el investigador de la UCM para reducir la presencia de una bacteria difícil de eliminar.

En el hospital, donde un simple contacto con el pomo de la puerta puede ser origen del contagio, Blanco aconseja “aprender a convivir con ella, a realizar buenos tratamientos antibióticos que impidan la aparición de antibiorresistencias y a detectar los portadores”. De esta forma, se reducirían las cifras de las infecciones por Clostridium difficile: al menos 8.000 casos al año y 32 millones de euros de coste.

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Las eras pre y pos antibióticas

La verdad es que eso de la era preantibiótica suena raro, pero no es ningún invento esotérico, sino un término técnico utilizado en el Plan Nacional de Resistencia de Antibióticos, de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Así, la era preantibiótica llegará en el momento en que las infecciones por bacterias se vuelvan “clínicamente incontrolables”, dejando a la humanidad completamente indefensa. Eso ocurrirá cuando los medicamentos antibacterianos dejen de matar a las bacterias, después de más de medio siglo de utilizarlos sin tasa en animales y en humanos.

Las cifras varían pero se sabe que la mayoría de las prescripciones de antibióticos en humanos son inútiles y contraproducentes. Por ejemplo, se recetan a toneladas para tratar catarros provocados por virus. Como siempre, todo está en la mesura. En su origen los antibióticos –como la penicilina– eran la última barrera de resistencia ante las mortales infecciones masivas. Salvaron millones de vidas y se administraban en los casos realmente graves y necesarios. La penicilina era cara y necesitaba ser conservada en frío, lo que limitaba su uso. La multiplicación de tipos de antibióticos, su baratura y su facilidad de administración cambiaron por completo la situación. Por si fuera poco, muchos productos de limpieza comenzaron a incluir bactericidas en su composición.

Las bacterias no se iban a quedar quietas ante este ataque masivo. Su capacidad de mutar es enorme, y en cuestión de horas puede surgir una cepa resistente a cualquier tipo de antibiótico. Estas cepas resistentes se pueden diseminar por todo el planeta en cuestión de días. La era postantibiótica llegará cuando todas las bacterias del mundo hayan pasado a la fase de resistencia. Entonces, sencillamente, no podremos combatir las infecciones masivas. Volveremos a antes de 1935, año afortunado en que se descubrió la penicilina.

Eso ya está pasando. En lugar de tratamientos suaves para erradicar alguna bacteria molesta –como la Helicobacter que parece ser la causante de las úlceras de estómago– los médicos tienen que prescribir tratamientos de tres o cuatro antibióticos extra-potentes para tener alguna posibilidad de aniquilar al Helicobacter, que dejan de paso la flora bacteriana natural y saludable de nuestros intestinos completamente aniquilada.

Nuestro cuerpo es un ecosistema que contiene varios kilos de bacterias beneficiosas, fundamentales e imprescindibles para que asimilemos bien los alimentos y nos protejamos de muchas enfermedades. Erradicarlas para combatir un catarro o una leve infección con la que seguramente nuestro sistema inmunitario podría lidiar sin dificultad es como tirar al niño junto con el agua sucia después de bañarlo. Existen serios planes para reducir el flujo de antibióticos innecesarios a través del sistema público de salud, y ya se están consiguiendo resultados.

Ahora se trata de reducir el impresionante consumo de antibióticos que realiza la industria de la carne. Unos pocos animales enfermos reciben inyecciones de antibióticos prescritos por un veterinario, y consiguen recuperar la salud. Pero eso es una excepción. Lo normal es que los animales reciban regularmente dosis masivas de antibióticos mezclados con el pienso. Esto se hace por dos razones: prevenir la aparición de enfermedades, potencialmente devastadoras en las modernas granjas donde los animales se hacinan por millares en espacios muy reducidos, y hacer que engorden más rápido. Este último efecto no tiene una explicación clara, pero parece que los antibióticos, al eliminar las bacterias intestinales, hacen que el alimento sea aprovechado más rápidamente por el animal.

Según este informe publicado recientemente, España es el país de la UE que más antibióticos consume en la producción de carne. Abusar de los antibióticos en la cría de ganado tiene consecuencias: los animales se convierten en medios ideales para la aparición de cepas de bacterias resistentes. Que luego se difundirán con rapidez por el mundo, entre otras vías a través del consumo de carne.

¿Qué podemos hacer? Pues, para empezar, considerar como un activo muy valioso de nuestra persona nuestra rica flora de bacterias, y pensarlo dos veces antes de dañarla. No tomar jamás antibióticos para curar un catarro, por ejemplo. Comer menos carne también ayuda. La carne barata resulta al final muy cara: está contaminada por toda clase de engordantes, medicinas y compuestos que tienen como único objetivo que el animal crezca rápido y produzca carne sin grasa. Esos filetes de lomo translúcidos, con apariencia de plástico, que se venden a 3,50 euros el kilo no son comida de calidad. Si te gusta comer carne de vez en cuando, compra cordero criado en el campo o cerdoalimentado con bellotas. Como es mucho más cara, tendrás que comer menos carne, lo que hará que tu salud mejore con rapidez. Y no olvides tirar todos los productos antibacterianos que compraste para la limpieza, basta con agua, jabón y un estropajo corriente.

Jesús Alonso Millán

Fundación Vida Sostenible

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