Facebook: tocado y ¿hundido?

Vivimos en el mundo de lo gratis, en el que no pagamos por el uso de plataformas como Facebook. Entonces, ¿de dónde creemos que sale el dinero? Si no pagas por el producto, el producto eres tú. Con tus gustos, tus costumbres, tus creencias, tus amigos… Nuestros datos son la mina de oro y los contenidos que generamos, cuándo, cómo, qué y con quién los compartimos es lo que da valor a la herramienta.

Facebook: tocado y ¿hundido?

La filtración de datos de más 50 millones de cuentas de Facebook en EE UU ha sido el último revés que ha sufrido la firma fundada por Mark Zuckerberg. Ahora bien, ¿nos extraña que la compañía diga ahora que no se trató de una filtración porque fueron los propios usuarios los que entregaron esa información?

Vivimos en el mundo de lo gratis, en el que no pagamos por el uso de plataformas como Facebook. Entonces, ¿de dónde creemos que sale el dinero? Si no pagas por el producto, el producto eres tú. Con tus gustos, tus costumbres, tus creencias, tus amigos… Nuestros datos son la mina de oro y los contenidos que generamos, cuándo, cómo, qué y con quién los compartimos es lo que da valor a la herramienta. Así que no, no nos debe extrañar.

Al entrar por primera vez a una red social y darnos de alta, aceptamos todo lo que nos proponen en el aviso legal. Y la mayoría de veces nuestros datos y costumbres están incluidos. Algunos nos planteamos si es correcto o no, si es un abuso, si la legislación internacional debería tomar cartas en el asunto… pero la mayoría de usuarios aceptan sin más, incluso hartos de tener que darle a aceptar en tanta pantalla de aviso legal –si todos lo hacen, será que es correcto–.

Las aplicaciones también acceden a nuestra información

Cuando cedemos nuestros datos para un sorteo, o damos acceso a una aplicación de terceros, como ocurre en la mayoría de los juegos, o usamos nuestra cuenta de Facebook para identificarnos en otros servicios –como Netflix– lo que estamos haciendo es permitir a todas esas aplicaciones acceder también a nuestra información, con lo que resulta casi imposible rastrear dónde están nuestros datos y qué se hace con ellos.

Lo confesamos: nosotros usamos los datos que obtenemos de las redes sociales en nuestra investigación. Especialmente de Twitter, pero también de Facebook. Es sorprendente lo que se puede sacar de la información pública de los usuarios.

El problema de Facebook es que, por defecto, es prácticamente visible todo el perfil y configurar los permisos de acceso no es algo intuitivo para la mayoría –aparte de la pereza que da–.

Así que ahora es un buen momento para hacer limpieza, eliminar todo aquello que no queramos que sea visible, replantearnos qué compartimos y con quién, sin olvidar que por muy cerrados que tengamos los datos, Facebook siempre los tendrá y, además, con nuestro permiso. Pero, ¿acaso no lo sabíamos? ¿Cuánto conocemos de la legislación sobre nuestros datos si apenas leemos la primera línea del aviso legal?

En los últimos días, han aparecido iniciativas para abandonar esta red o boicotearla. Nosotros elegimos quedarnos. Facebook no tiene nada que no le hayamos dado voluntariamente y somos conscientes de que nuestros datos son el precio que pagamos por estar ahí. Somos cuidadosos a la hora de compartir nuestra vida, costumbres o gustos.

Además, hay que tener en cuenta que nos ‘espían’ desde muchos otros sitios ¿qué piensas que hacen las cookies? ¿Por qué Google nos da una cuenta de correo gratuita y un buscador para cualquier contenido en internet? ¿O de dónde viene ese anuncio que pinchamos en Instagram y nos sale en todas las redes?

Pensemos en toda la información que tiene un banco sobre nosotros solo con el uso que hacemos de la tarjeta de crédito, o las compañías telefónicas, saben dónde estamos, en qué momento, con quién hablamos, ... o empresas de las apps a las que les decimos qué música escuchamos, por dónde corremos, qué lugares frecuentamos... continuamente estamos compartiendo datos personales, no solo en Facebook.

Falta de ética de Cambridge Analytica

En nuestra opinión, es la consultora británica Cambridge Analytica la que ha mostrado una falta de ética total. El origen de este problema ha sido los perfiles de votantes psicográficos que han construido a partir de los datos de esos 50 millones de usuarios sin su consentimiento. Y que se haya usado para manipular unas elecciones es algo con lo que últimamente estamos particularmente sensibilizados.

Expertos valoran en un 2% el impacto que el uso de estos datos tuvo en la elección de Donald Trump a través de campañas en medios digitales y televisivas.

Mark Zuckerberg ha explicado lo que ha ocurrido en su perfil de Facebook, cargando toda la responsabilidad en Cambridge Analytica y Aleksandr Kogan, el catedrático que desarrolló la aplicación que usó la consultora. Zuckerberg ha defendido que ya en 2014 se habían puesto en contacto con ellos para asegurarse de que se habían eliminado los datos recuperados siguiendo las nuevas políticas de privacidad aprobadas entonces.

Además, propone medidas adicionales para implementar en los próximos meses. Una de ellas sería controlar las aplicaciones que descargaron grandes volúmenes de información antes de 2014. También reducir la información disponible para las apps a algunos datos básicos y bloquear las que no se usen en tres meses. Y, por último, proporcionar una forma más sencilla para que los usuarios sepamos con qué aplicaciones estamos compartiendo nuestros datos ¿Será suficiente?

Nosotros consideramos que es necesaria una regulación de Facebook por parte de los gobiernos, o que los datos sean privados y haya que pagar por estar en la red como alternativas posibles.

Los jóvenes huyen a Instagram

El escándalo con los datos usados por Cambridge Analytica se suma a los problemas que lleva arrastrando Facebook desde hace tiempo. Con el objetivo de dar un nuevo aire a la red social, su fundador y consejero delegado, Mark Zuckerberg, anunció en enero un cambio en su algoritmo para seleccionar qué información aparece en el muro.

Lo cambios pretenden que los usuarios “pasen más tiempo en la red y lo empleen mejor”. En su opinión, eso significa que conecten con las personas que más les interesan (familia y amigos) y menos con páginas o medios de comunicación. Esto afecta al alcance orgánico de las publicaciones de las páginas, ya no nos aparecerá tanta información de páginas, medios de comunicación o marcas, si estas no han pagado por ello.

Todo ello conlleva una parte negativa, si las redes sociales, Facebook en particular, nos muestran solo lo que considera que queremos ver o leer, si siempre nos muestra nuestro círculo más íntimo de amistades, si lo único que nos llega es contenido de los que piensan como nosotros porque son más cercanos, nos está encerrando en una burbuja de información en la que solo vemos a nuestros iguales.

Esto al final va a provocar que seamos mucho menos abiertos de mente. Conviviremos en un mundo virtual con mentalidades muy similares a las nuestra, lo cual nos cierra la posibilidad de ampliar con otras opiniones, visiones o perspectiva.

Otro problema es el descenso en los usuarios jóvenes. A ellos no les gusta estar donde están sus padres e incluso abuelos, necesitan sus espacios y códigos. Si suben una foto, y los primeros tres 'me gusta' serán de su padre… Con el cambio de algoritmo, esto será aún más evidente y sus familiares no se perderán nada de su historia. Parece que la tendencia es que estén más a gusto en Instagram, eso sí, hasta que lleguen los mayores.

Después de batir un récord sin precedentes con 2.000 millones de usuarios, parece que Facebook ha tocado techo: el segmento más joven se marcha, quizá abrumado por una red en la que les persiguen los anuncios y en la que se sienten vigilados; los medios y las empresas se ven expulsados por un algoritmo que los castiga y ahora muchos usuarios, preocupados por su privacidad, abandonarán también la red.

Facebook está tocado y es necesario un nuevo modelo que nos devuelva la confianza y el control de nuestros datos.

*Marga Cabrera es directora del Máster Universitario en Contenidos y Aspectos Legales en la Sociedad de la Información (CALSI) en Comunicación Digital de la Universidad Politécnica de Valencia.

*Miguel Rebollo es profesor del Grupo de Investigación de Tecnología Informática e Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Valencia.

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Si tu opción es borrarte de Facebook

Toda persona se ha cuestionado o ha querido borrarse de Facebook en algún momento de su vida ciberespacial, pero ha sido la revelación de, por un lado, lo fácil que es comprar los datos de usuario y, por otro, la relevancia y la efectividad que tiene semejante acto lo que ha hecho aparecer el movimiento #DeleteFacebook, que significa en español borrarse de Facebook. ¿Pero cómo se borra uno de Facebook?

Si lo que quieres es desaparecer, quitarse de la red social es bastante directo. Pincha en ‘Eliminar cuenta’. Es recomendable, al menos según las directrices de Facebook, descargarte primero una copia de tu información cedida pinchando en ‘¿Cómo puedo descargar la información que tengo en Facebook?’

Si sólo quieres desactivar tu cuenta (ojo al matiz: no eliminar, desactivar), puedes hacerlo de esta manera:

-Pulsa en la flecha que hay en la barra de inicio de Facebook, arriba a la derecha.

-En el menú que se despliega, pulsa sobre 'Configuración'.

-Dentro de dicho menú, localiza arriba y a la izquierda el letrero 'General'. Pulsa.

-En el nuevo menú que aparece, baja hasta la última opción que aparece, que se llama 'Desactivar tu cuenta'. Pulsa en el enlace que aparece y sigue el procedimiento.

-No inicies sesión en Facebook. Si entras en tu perfil antes de 90 días (los que pueden llegar a tardar en eliminar todos tus datos de su base de datos), se reactivará tu cuenta y estos pasos no habrán servido de nada.

Eliminar el rastro por completo

Esto sólo sirve para liberar tu nombre de usuario y para no volver a tener acceso a la red social, pero no elimina tu rastro por completo. Para hacer esto último sin eliminar tu cuenta también hay un método.

“He estado probando durante los últimos dos días un script (una secuencia automatizada de operaciones) en forma de extensión de Chrome llamado Social Book Post Manager que, sin ser un método ni tan sencillo ni tan efectivo como estos otros dos, te permitiría eliminar tus comentarios, tus contenidos, tus 'me gusta' y hasta tus etiquetas y notificaciones de una manera orgánica y que no haría saltar ninguna alarma en Facebook”, dice Bruno Toledano

“Este programa analiza toda tu actividad de todos tus años y va borrando todo. Sí, tarda un montón y hay que estar pendiente y hay que repetir operaciones a menudo, pero es una forma adecuada de seguir dentro de la red social sin perder a los amigos y sin eliminar tu perfil. Funciona en inglés, pero con saber que 'delete' es borrar, que hide/unhide oculta acciones como nuevas amistades y que unlike quita los 'me gusta' que has hecho en Facebook es suficiente. Cada vez que vayas a usarla, tienes que seleccionar un año y, después, el mes a borrar (aunque puedes no seleccionar ninguno y borrar todo el año de golpe). Falla a menudo, así que paciencia, pero con un par de pasadas, es posible dejar prácticamente vacío cada año. Un consejo: si os funciona especialmente mal es que estáis haciendo pasadas muy rápidas. En la opción de velocidad, seleccionar 2x o 1x para que el proceso vaya más lento, pero más seguro. Y por si os lo estáis preguntando, sí, Facebook almacena todo lo que borramos en su base de datos, pero de forma temporal. Pasados unos días o semanas, cuando sus servidores de caché (que almacenan el contenido más recientemente modificado de una base de datos) hacen limpieza, deberían ser borrados por completo. Otra cosa es si por motivos legales Facebook se queda con algo más tiempo, pero según sus normas y debido a cómo funciona una estructura de servidores, el contenido borrado por el usuario tarde o temprano se borra de forma definitiva”, explica Toledano. 

 

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