El peligroso rebrote del sarampión

Las infecciones por sarampión han repuntado. Después de alcanzar en Europa mínimos históricos en 2016, el año pasado se cuadriplicaron los casos con más de 20.000 personas afectadas y 35 muertes. La pérdida del respeto a la enfermedad ha propagado teorías nada científicas que cuestionan la importancia de la vacunación. Pero el virus no descansa.

El peligroso rebrote del sarampión

El sarampión es una enfermedad grave causada por un virus, pero perfectamente prevenible con vacunas. Sin embargo, a finales del pasado febrero la Organización Mundial de Salud (OMS) hizo pública su preocupación por el aumento de casos en Europa.

“Estamos muy preocupados porque, aunque disponemos de una vacuna segura, efectiva y asequible, el sarampión sigue siendo una de las principales causas de muerte entre los niños de todo el mundo y, lamentablemente, Europa no se ha salvado», comenta la directora regional de la OMS para Europa, Zsuzsanna Jakab.

Pero, ¿por qué a pesar de tener a nuestro alcance las vacunas se dan cifras tan alarmantes? El número de personas que deciden no vacunarse va en aumento. La situación ha provocado que Italia y Francia hayan tomado medidas y que vayan a obligar a vacunar a los menores para poder asistir a la escuela.

Aunque los responsables sanitarios se afanan en intentar que las vacunas se extiendan a toda la población, lo cierto es que existen grupos que no tienen acceso a ellas y otros, que deciden libremente no vacunar a sus hijos. Este último planteamiento es el que preocupa a las autoridades.

Tras un mínimo histórico de 5.273 casos en 2016, los casos han llegado a cuadruplicarse en 2017 con más de 20.000 personas afectadas y 35 muertes. Es más, 15 países europeos, incluido Reino Unido, tuvieron grandes brotes; Rumania, Italia y Ucrania fueron los territorios con mayor incidencia.

En España, en los últimos años ha habido entre 100 y 300 casos como mayor repunte –salvo en 2011, cuando se produjo el último brote importante con 3.518 casos (unos 30.000 en Europa)–. Aunque no es un número desdeñable, dentro del escenario europeo el país se mueve en un rango de casos relativamente bajo. En 2017 hubo 160.

“Esto es debido a que en nuestro país existen altas tasas de cobertura de vacunación con la triple vírica (sarampión, rubéola y parotiditis): 96,7% con la primera dosis (recomendada entre los 12-15 meses de vida) y 94,7% con la segunda dosis (entre los 2-4 años de vida)”, explica Roi Piñeiro, coordinador de la consulta de asesoramiento en vacunas del Hospital General de Villalba.

Esta patología cursa con brotes epidémicos con una tasa de contagio en personas no vacunadas cercana al 100%. Si tenemos contacto cercano con un caso y no estamos vacunados, es casi imposible no contagiarnos. Es decir, las opciones son vacunarse o infectarse a través del virus.

Cuando aparece una persona afectada, que se produzca o no un brote significativo dependerá directamente de la tasa de vacunación de la población cercana y de las medidas preventivas llevadas a cabo. Es necesario aislamiento aéreo y de contacto, pues se transmite a través del contacto directo con las secreciones respiratorias de personas infectadas y por el aire.

Un paso atrás en la erradicación

El sarampión es una enfermedad candidata a la eliminación ya que su reservorio es exclusivamente humano, se dispone de una vacuna eficaz y barata que aporta inmunidad duradera, el virus apenas sobrevive en el ambiente y existen técnicas diagnósticas suficientes para detectar la infección.

Según los datos de la OMS, en 1980 –antes de que se generalizara el uso de la vacuna– causaba cerca de 2,6 millones de muertes al año. De 1990 a 2008 se avanzó mucho en su erradicación; sin embargo, a partir de entonces se han declarado brotes en todo el mundo.

Mientras a principios del siglo XXI había casi un millón de muertos, en 2016 el número ha caído por debajo de 100.000. “En algo más de 15 años se han reducido los fallecimientos un 84%”, indica José María Bayas, expresidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV) y actual miembro del departamento médico de GlaxoSmithKline España. “Esto ha supuesto salvar 20 millones de vidas gracias a las vacunas”.

Un estudio de la Universidad de Stanford y la Escuela de Medicina de Baylor, en Estados Unidos, asegura que una pequeña reducción en las tasas de vacunación infantil contra el sarampión podría producir un número “desproporcionado” de nuevos contagios. Según los resultados del estudio que publica en la revista JAMA Pediatrics, solo una disminución del 5% en el número de niños de 2 a 11 años vacunados contra el sarampión (con la vacuna triple vírica) triplicaría el número de nuevos casos de sarampión en este grupo de edad. Y estos casos adicionales de sarampión aumentarían los gastos anuales en al menos 2,1 millones de dólares, unos 20.000 dólares (17.170 euros) por cada caso.

Sintomatología

El primer signo del sarampión suele ser fiebre alta, que dura entre 4 y 7 días. En la fase inicial, el paciente puede presentar congestión nasal, tos, ojos llorosos y rojos y pequeñas manchas blancas en la cara interna de las mejillas. Al cabo de varios días aparece erupción cutánea, generalmente en el rostro y la parte superior del cuello, que se extiende unos 3 días y acaba por afectar manos y pies.

Las complicaciones más importantes son ceguera, encefalitis (infección acompañada de edema cerebral), diarrea grave (que puede provocar deshidratación), además de infecciones del oído y respiratorias graves, como la neumonía. Son más frecuentes en menores de 5 años y en mayores de 30.

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