Las dietas ricas en grasas saturadas predisponen a la pérdida de memoria

Diferentes estudios realizados en animales demuestran que la dieta es un factor clave en la aparición del alzhéimer. En particular, la diabetes de la edad adulta sería un factor determinante a la hora de activar los procesos de muerte neuronal y de la consiguiente pérdida de memoria.

 

 

Las dietas ricas en grasas saturadas predisponen a la pérdida de memoria

Los resultados del trabajo del Centro de Tecnología Ambiental y Alimentaria TecnATox de la Universitat Rovira i Virgili, en colaboración con grupos de investigación de la Universitat de Barcelona permiten concluir que las dietas enriquecidas con ácidos grasos saturados predisponen a tener pérdida de memoria. La ingesta excesiva de estos ácidos grasos, presentes mayoritariamente en alimentos de origen animal, pueden provocar enfermedades del sistema cardiovascular, como ya es conocido. Más recientemente, pero, se ha demostrado que algunos de estos ácidos grasos también pueden estar implicados en determinados tipos de cáncer, puesto que actúan como “catalizadores” del crecimiento de los tumores.

Estos nuevos resultados se publicaron poco después de que un grupo de investigadores italianos lo hiciera por primera vez en un modelo de estudio similar y con resultados comparables. Todo ello queda recogido en un reciente artículo de revisión a la revista Pharmaceuticals firmado, entre otros, por el investigador del centro TecnATox de la URV Jaume Folch.

Equilibrio de omegas 3 y 6 y grasas saturadas

A juicio de los investigadores, otro elemento que hay que considerar es que si la ingesta de los diferentes tipos de ácidos grasos saturados de la dieta no está bastante compensada con los ácidos grasos omega-3, que podemos encontrar en el pescado azul o en los frutos secos, pueden surgir los problemas. Así, pues, es una cuestión de equilibrios nutricionales. Los aceites insaturados de los grupos omega-3 y 6 son líquidos a temperatura ambiente, mientras que los saturados tienden a ser sólidos a la misma temperatura.

Los efectos de una dieta descompensada, con exceso de grasas “sólidas”, combinada con una carencia de actividad física prolongada en el tiempo y endulzada con un abuso en el consumo de productos alimentarios que incorporan azúcares añadidos, predisponen a sufrir diabetes de tipo 2. En esta situación, tejidos como el hígado o los músculos tienen dificultades para captar la glucosa que circula por la sangre. En el cerebro, pero, la glucosa penetra perfectamente en las neuronas. El problema es que en el cerebro la insulina no está implicada con la captación de glucosa. Los trabajos de investigación llevados a cabo por el grupo de la URV contribuyen a poner de manifiesto que la insulina se relaciona directamente con la supervivencia de las células del cerebro, que es el factor clave en la preservación de la memoria en regiones cerebrales como el hipocampo.

Los últimos adelantos en este campo sugieren que es la misma proteína β-amiloide, que se encuentra en el cerebro de los pacientes de alzhéimer, la responsable de empeorar todavía más el cuadro diabético general. Estos nuevos trabajos, además, ponen a cuerpo descubierto nuevas dianas moleculares, es decir, nuevas oportunidades para encontrar tratamientos efectivos y, de manera particular, nuevas “viejas” actitudes preventivas y hacen patente que aquellas recomendaciones para prevenir enfermedades cardiovasculares o el cáncer sirven también para evitar enfermedades importantes del cerebro.

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Los niveles altos de omega-6 ayudan a evitar la muerte prematura

En una investigación reciente, el equipo de Jyrki K. Virtanen, de la Universidad del Este de Finlandia llega a la conclusión de que los ácidos grasos omega-6 nos protegen frente a una muerte prematura derivada de ciertos problemas de salud. Además, también ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares en general.

Virtanen y sus colegas han comprobado que cuanto más alto es el nivel de ácido linoleico en sangre, dentro de unos límites razonables, más pequeño es el riesgo de muerte prematura. El ácido linoleico es el ácido graso poliinsaturado omega-6 más habitual.

Para el estudio se analizaron datos sobre los niveles de ácidos grasos en sangre de 2.480 hombres con edades comprendidas entre los 42 y los 60 años al principio del seguimiento. Este se llevó a cabo durante un promedio de 22 años.

Cuando los investigadores dividieron a los participantes del estudio en cinco grupos diferentes con arreglo a su nivel de ácido linoleico en sangre, descubrieron que el riesgo de muerte prematura era un 43 por ciento más bajo en el grupo con el nivel más alto, en comparación con el grupo con el nivel más bajo.

Los resultados de esta investigación respaldan los resultados de estudios poblacionales previos que vincularon un consumo dietético superior de ácido linoleico y un nivel más elevado de ácido linoleico en sangre con un riesgo inferior de enfermedades cardiovasculares y de diabetes tipo 2, sin incrementar el riesgo de cáncer.

El nivel de ácido linoleico en sangre viene determinado por la dieta de la persona, y sus fuentes principales son los aceites vegetales, las semillas y los frutos secos.

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La cafeína empeora la ansiedad asociada al alzhéimer

Un estudio coordinado por el Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona (INc-UAB), en colaboración con el Instituto Karolinska de Suecia (KI), constata que un consumo continuado de cafeína tiene efectos negativos en la enfermedad de alzhéimer, empeorando los síntomas neuropsiquiátricos que sufre la mayor parte de los afectados. El estudio ha sido publicado en Frontiers in Pharmacology.

Los problemas cognitivos y de memoria caracterizan el alzhéimer, pero esta demencia se identifica también por los síntomas neuropsiquiátricos, bastante presentes ya en las primeras etapas de la patología. Agrupados bajo el nombre de síntomas conductuales y psicológicos de la demencia (de las siglas en inglés BPSD), comprenden ansiedad, apatía, depresión, alucinaciones, paranoia y síndrome del atardecer, entre otros trastornos, y se manifiestan de manera diferente en cada paciente.

Por otra parte, la cafeína es un agente cognitivo beneficioso, tanto en la enfermedad de alzhéimer como en el envejecimiento normal, por su acción en el bloqueo de unas moléculas –receptores de adenosina– que provocan disfunciones y enfermedades en la vejez.

Aun así, hay estudios que sugieren que puede ejercer el efecto contrario una vez desarrollados los síntomas cognitivos y los BPSD. Para averiguar estas cuestiones, el estudio se ha llevado a cabo en ratones de envejecimiento normal y en modelos de alzhéimer familiar.

 “Previamente ya demostramos la importancia de unos de los receptores de la adenosina, la A1, como responsable de algunos de los efectos adversos de la cafeína. Ahora, hemos administrado una dosis baja de esta sustancia (0,3 mg/ml), equivalente al consumo de tres tazas diarias en humanos, para responder una cuestión que es relevante para los afectados y también para la población que envejece sin la enfermedad y que llevaría años resolver al tener que esperar hasta que los pacientes fueran mayores”, señala Björn Johansson, investigador y médico del Hospital Universitario del KI.

El estudio se realizó desde los estadios iniciales de la enfermedad hasta las fases más avanzadas, así como a las mismas edades en los ratones sanos. Los resultados indican que la cafeína altera el comportamiento de los animales sanos y empeora los síntomas neuropsiquiátricos en los que sufren alzhéimer.

Los investigadores han hallado que influye significativamente en la mayoría de variables estudiadas, especialmente en las relacionadas con el miedo a la novedad –neofobia–, las conductas asociadas a la ansiedad y la capacidad de adaptación frente a emociones y situaciones diversas.

Potenciales tratamientos derivados de la cafeína

En los ratones con la enfermedad, el aumento de la neofobia y las conductas de ansiedad agravan los BPSD. La cafeína tampoco les beneficia en el aprendizaje y la memoria, al ser dos aspectos muy influenciados por la ansiedad.

“La observación de estos efectos adversos, junto con evidencias clínicas previas, sugieren que la intensificación de los BPSD puede interferir parcialmente con los efectos cognitivos beneficiosos de la cafeína. Son resultados relevantes cuando se está proponiendo el desarrollo de potenciales tratamientos derivados de esta sustancia para la demencia”, indica Lydia Giménez-Llort, investigadora del departamento de Psiquiatría y de Medicina Legal de la UAB y coordinadora del estudio.

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